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Descaminando
Elizabeth García. 16-04-2019-El escritor Eduardo Galeano dijo que "la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".Les puedo decir que ese ha sido siempre mi lema. Si, soy una soñadora: yo sueño con la justicia, yo […]

Elizabeth García. 16-04-2019

-El escritor Eduardo Galeano dijo que "la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".
Les puedo decir que ese ha sido siempre mi lema. Si, soy una soñadora: yo sueño con la justicia, yo sueño con mundos de colores, sueño con gente que se saluda, sueño con manos que ayudan. Pero no sólo sueño, sino que trato de trabajar por ello.
En el camino he tratado de seguir las huellas de quienes me antecedieron. Hablo de mis ancestros, de los que ya se fueron pero que siguen estando. Sin embargo, su mensaje ha sido claro: no se vale repetir el camino. Así aprendí que tenía que hacer mi propio camino y por ese mismo sendero caminar. ¿Caminar para llegar a dónde? No lo sé y no me importa mucho, yo camino para alcanzar mis sueños.
Lo bonito del camino es que cada paso te alimenta, te aleja y te acerca: te aleja de donde empezaste a caminar y te acerca a la meta.
Pero volviendo al tema de mis ancestros, palabras más - palabras menos, lo que ellos me dijeron es que como buen caminante que soy, debía entender que no había camino y que el camino se hace al andar.
Hay otro aspecto del camino que me encanta y es que en el andar te encuentras gente, gente que va y que viene, gente que te acompaña por un ratito y otros que se quedan contigo por un largo trayecto. Al principio, cuando pensé que mi meta estaba muy clara, decidí que lo que quería era llegar rápido: ser profesional rápido, casarme rápido, tener hijos rápido, tener trabajo rápido, tener una casa rápido, tener dinero rápido … hacer todo rápido.
Y a veces, en mi afán de hacer todo rápido, sacrifiqué la compañía de mucha gente que quiso cruzarse en mi camino. La verdad es que sentía que me retrasaban y, como ya les dije, lo único que quería era llegar rápido. Así me fui quedando sola, mirando solo mis pasos. El camino se hizo triste y sombrío. ¿Qué les puedo decir? Llegué a muchas de esas metas y lo hice en un tiempo razonable, pero lo raro fue saber que no fui feliz, estaba tan
preocupada por caminar que no disfruté el paisaje que me ofrecía el camino.
Un día, casi que, sin planearlo, empecé a encontrar gente. Personas que nunca se habían ido de mi lado y que me amaban tanto que respetaron mis pasos y mi velocidad. Nunca me criticaron, me esperaron al lado del camino con la mano extendida mostrándome que caminar juntos podría ser más demorado, pero también más divertido.
¿Qué les puedo decir? El mismo camino se encargó de enseñarme que es cierto que si caminamos solos podemos llegar más rápido, pero que, si lo hacemos con otros podemos llegar más lejos.

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